Tlacuilo Público · Convocatoria abierta y permanente
Esta convocatoria no busca programadores. Busca a gente con una pregunta sobre cómo se usa el dinero, el poder o la información pública en México. No importa quién seas.
Durante treinta años, hacer una herramienta de datos —un buscador, un mapa, una calculadora, una línea de tiempo— exigía saber programar. Eso ya cambió. Hoy una persona que sepa qué quiere preguntarle a un dato puede sentarse con un asistente de inteligencia artificial (el que uses) y salir cuatro o cinco tardes después con una herramienta que funciona de verdad. No es una promesa: es cómo se construyó buena parte de lo que hoy opera en esta Unidad.
Lo que sigue faltando —y por eso existe esta convocatoria— es lo que ninguna máquina pone: la pregunta correcta, la fuente verificada y el criterio para no exagerar. Eso lo pones tú.
Así que si estás leyendo esto y piensas «yo no sé de esto», te estamos hablando directamente a ti. Sigue leyendo.
Ninguno de estos ejemplos está inventado: todos son huecos reales que hoy nadie llena.
Los presupuestos de tu municipio, las actas de tu cabildo, los permisos de construcción de tu colonia. Alguien tiene que ser el primero en volverlos consultables.
Un contrato, una obra, una empresa: cuándo se anunció, cuándo se adjudicó, cuándo se pagó, cuándo se entregó (o no).
Dónde están las obras paralizadas, dónde cayó el gasto en agua, qué colonias no aparecen en ningún programa.
«Este sobrecosto equivale a X aulas». Sirve más de lo que parece.
Dos que la ley trata como iguales y la realidad no.
Quién ocupa qué cargo, desde cuándo, con cuántos votos, con qué sueldo.
Una pieza que revise todos los días si una página oficial cambió y que conserve lo que el gobierno borra. Esta categoría es, quizá, la más urgente de todas.
Y si tu idea no se parece a ninguna de estas, mejor. Mándala igual.
Toda cifra que aparezca en pantalla tiene que poder rastrearse hasta un documento público: una liga, un PDF oficial, un portal de transparencia, un archivo del INEGI. No aceptamos cifras que «todo el mundo sabe».
Por qué: Porque la única fuerza que tiene una organización como esta es que sus números aguanten que alguien los revise con mala fe. Un dato sin fuente nos cuesta más caro que no tener el dato.
En algún lugar de tu herramienta debe decir de cuándo son los datos. Un día, no un mes vago. Si la fuente se actualiza y tú no, hay que poder saberlo mirando la pantalla.
Junto a tu herramienta, entrega el archivo original que descargaste (o el pequeño programa que lo descarga). Si mañana alguien duda de un número, tiene que poder rehacer tu camino sin llamarte por teléfono.
Esto es lo que más nos importa de todo, y es lo que casi nadie hace. Si tu base cubre 20 de 32 estados, tiene que decir «20 de 32» en la pantalla, no presentar los 20 como si fueran el país. Si una coincidencia entre dos nombres es probable pero no está confirmada, tiene que decir «por confirmar». Si una casilla está vacía porque el gobierno no publicó, tiene que distinguirse de una casilla vacía porque el dato es cero.
Por qué: Un sistema que confunde «no hay nada» con «no pude leerlo» miente sin querer. Nos ha pasado, nos costó y hoy es la primera cosa que revisamos.
Nos entregas una carpeta. Dentro va todo: tu programa, tus datos, tus instrucciones. Y arranca con un solo comando que tú nos escribes en el archivo LEEME.md. Nada de «primero hay que instalar tal cosa y luego configurar tal otra». Si no sabes qué significa esto, no te preocupes: es exactamente lo que resuelve el instructivo técnico que te damos al registrarte. Se lo pegas a tu asistente de inteligencia artificial y él arma la carpeta.
La mitad de México entra a internet por celular. Si tu herramienta solo se ve bien en una laptop, no está terminada.
Si tu herramienta necesita llamar en vivo a un servidor de otra empresa cada vez que alguien la abre, se romperá el día que esa empresa cambie de opinión. Todo lo que necesite para funcionar tiene que venir dentro de la carpeta.
Por qué: Publicamos cosas que queremos que sigan sirviendo en cinco años. En este país las páginas de gobierno desaparecen; nosotros no podemos darnos el lujo de desaparecer con ellas.
Dinos con qué licencia entregas tu trabajo (recomendamos una libre: MIT para el código, CC BY para los datos y los textos) y cómo quieres que se te acredite. Tu nombre va en la pieza. No publicamos trabajo ajeno sin firma.
Funcionarios públicos, empresas y contratos: sí, son escrutinio legítimo. Domicilios, teléfonos, correos, datos de salud o financieros de personas que no ejercen un cargo: no, nunca, aunque estén técnicamente disponibles en algún lado.
Escrito para que se lo pases a tu asistente de inteligencia artificial antes de empezar (o a la mitad, o al final). Resuelve toda la parte aburrida: cómo debe quedar la carpeta, qué formato de fecha usamos, cómo se ve, cómo se prueba. Hay dos versiones y te damos la que corresponda a dónde va a vivir tu pieza.
En la infraestructura de la Unidad de Investigación Aplicada.
Alguien de la Unidad va a leer tu código y tus fuentes, y te va a decir qué está flojo. No es un trámite: es la parte más valiosa de todo esto.
Para que puedas ponerla en tu CV, en tu tesis o en tu portafolio.
Cuando la pieza lo amerite y en los tiempos de la organización.
Con el asunto Convocatoria: [nombre de tu herramienta],
en no más de una cuartilla y a la dirección que está al final de esta página.
No mandes el código todavía: primero platicamos.
Sí. La barrera hoy no es el código, es la constancia. Vas a pasar más tiempo entendiendo tu fuente de datos que escribiendo programas y esa parte —la de entender la fuente— es trabajo humano y no hay atajo.
Las preguntas chiquitas y bien contestadas son las que mueven cosas. Un buscador de las actas de cabildo de un municipio de treinta mil habitantes es más útil que otro tablero nacional que nadie abre.
No. Tu nombre queda en la pieza, la licencia la eliges tú y, si un día quieres que la bajemos, la bajamos.
Se corrige y se dice que se corrigió. Todas se equivocan. Las nuestras también: tenemos escritos los errores para no repetirlos. Lo único imperdonable es equivocarse en silencio.
Por supuesto. Es el punto. Solo te pedimos que lo declares —igual que nosotros lo declaramos al pie de cada herramienta— y que verifiques a mano cada cifra que salga en pantalla. La máquina redacta rápido y se equivoca con mucha seguridad; la verificación es tuya.
Escríbenos si aún te quedan preguntas o quieres conocer más sobre el proyecto, aquí:
[email protected] [email protected]Porque en los últimos años se apagaron muchas de las luces que permitían mirar hacia adentro del Estado mexicano y porque la gente que sabe mirar no cabe en una sola organización.
Un equipo chico que se dispersa pierde. Pero un equipo chico que le abre su taller a quien quiera trabajar —eso ya es otra cosa.
Trae tu pregunta.
Esta convocatoria y las herramientas de Tlacuilo Público se construyen en la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, potenciadas con herramientas y análisis de inteligencia artificial provistos por Anthropic. Cada cifra publicada se verifica a mano contra su fuente.